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¡A corregir se ha dicho!
Si al lector
le cuesta entender lo escrito, el culpable es el escritor. No somos pacientes, cuando nos
convertimos en lectores. Queremos comprender sin dificultad y, si no lo logramos, muchas
veces, abandonamos nuestro intento. Cuanto más presente tengamos esto, más probable es
que logremos el éxito de la comunicación.
Tanto los escritores experimentados, como los que no lo son,
coinciden en afirmar que se necesita corregir una y otra vez antes de dar por terminado un
escrito. Por lo tanto, parece importante saber qué caminos podemos recorrer para mejorar
nuestras producciones.
En primer lugar, debemos perder el
"enamoramiento" que todos, de una u otra forma, sentimos por nuestras obras.
Cuando terminamos cualquier trabajo escrito, creemos haber
logrado nuestra finalidad y no tenemos presente que, en la mayoría de los casos, eso no
sucede. A través de cualquier texto queremos, por un lado, volcar ideas en el papel; por
otro, que nos comprendan. La falla de uno de estos objetivos es el fracaso total de
nuestro trabajo.
Ya la escuela, cuando comienza a brindar los pasos elementales de
la escritura, debe fomentar el uso del "borrador", el primer intento de
comunicar pensamientos por escrito. Jerarquizarlo significará crear el hábito corrector
en los niños, que son los futuros adultos.
Habría que comparar el "borrador" de los escritos con
los bosquejos que hacen los artistas, que muchas veces tienen tanto valor como la obra
misma.
Por lo tanto, si cuando adultos, tenemos asimilada la idea de que
la escritura no sale bien de primera, nuestras posibilidades de ser buenos comunicadores
se verán aumentadas.
Podemos
seguir diferentes caminos para ser correctores de nosotros mismos:
1) Corregir a medida que vamos creando el texto.
Significa leer y
releer lo escrito. Se avanza lentamente, pero se van dejando pulidas cada una de las
etapas tratadas.
Este método exige:
a) Experiencia en el manejo del lenguaje al que vamos a
mejorar y modificar.
b) Cierta frialdad que permita, al mismo tiempo que se retrocede, tener bien presentes
cuáles serán las ideas siguientes.
c) Flexibilidad para ser capaces de suprimir o agregar lo que creamos adecuado.
2) Corregir una vez que el texto está terminado.
Significa
dejar fluir las ideas, llevarlas al papel y, cuando ya nada hay por agregar, empezar la
corrección.
Este método permite:
Tener una visión general del texto, de su unidad y de sus
posibilidades de comprensión.
3) Dar a corregir a una tercera persona.
Significa
desprenderse de la obra y recurrir a la opinión de otro.
Una persona ajena al texto tiene la posibilidad de ser un buen
juez. Será capaz de detectar errores y, sobre todo, de discernir si el escrito trasmite
lo que su creador supone, si se comprende con facilidad.
Por supuesto, que
en más de un caso, se utilizan los distintos métodos a la vez, pero tener conciencia de
cuáles son los que ponemos en práctica, hace que la corrección sea más efectiva.
Como
consideración final, tendríamos que extraer la siguiente: cuanto más distancia tomemos
del texto, cuanto más tiempo lo dejemos reposar, más efectiva y certera será nuestra
corrección.
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema
o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder. |
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