La
"ñ" ganó la batalla

La
"ñ" no existía en latín. Los idiomas que de él provienen buscaron diferentes
soluciones para indicar el sonido:
a) El francés y el italiano optaron por "gn".
b) El catalán prefirió "ny".
c) El portugués, "nh".
El español, en una primera etapa, también se valió de dos
letras "nn".Con el correr del tiempo, esta unión se abrevió: a la primera
"n" se le puso una raya encima.
Al principio, esa raya, que se denomina tilde, fue recta; más
tarde, adquirió la ondulación que hoy tiene.
Otros idiomas, como el guaraní, el vascuense, el gallego,
también la adoptaron.
Cuando aparecieron las computadoras, ignoraron la "ñ"
en su teclado. ¿Para qué servía ponerla, si la mayoría de los idiomas se valía de
combinaciones de letras para trasmitir el sonido?
La Academia Española la defendió con uñas y dientes. No cedió
a las presiones que intentaban eliminarla de nuestro abecedario.
¡Y, la "ñ" salió vencedora! La mayoría de los
teclados la ha incluido y sigue formando parte de nuestro alfabeto.
El texto, de María Elena Walsh, que trascribimos defiende esta letra
que parecía condenada a la desaparición.
La eñe también es gente
Por María Elena Walsh
La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa
tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la
eñe.
¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos
dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y
admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como
éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con
su gracioso peluquín, el ~.
¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la
fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? En los pagos de
Añatuya, ¿cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo?
¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata
contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?
"La ortografía también es gente", escribió Fernando
Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos
blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K.
Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita
segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro
de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser
precisamente una letra ñoqui.
A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos
manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza
ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un
defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y
comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables
nativos!
Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con
caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo
gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos
canta.
No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con
nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio.
Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria
retroceda y vuelva a llamarse Hispania.
La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de
sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera
donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter.
¡Avisémoslo al mundo
entero por Internet! La eñe también es gente.
María Elena Walsh
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