El lenguaje administrativo
(2ª
parte)

Este tema, como varios de los que se refieren al idioma tiene
muchos puntos para tratar. Ya hemos hecho comentarios
de los problemas que plantea el uso de esa clase de lenguaje.
Se dieron algunas sugerencias para tener en cuenta a la hora de
utilizarlo, para lograr
una mejor expresión. Como no son las únicas, agregaremos estas
otras:
1)
La elección de la forma de expresión
Expresarse correctamente no es sólo seleccionar las palabras
adecuadas, sino también enlazarlas convenientemente. El estilo
sencillo tiene muchas más posibilidades de éxito que el complicado.
Cuanto más directo sea lo que decimos, más
fácilmente nos comprenderán.
Las ideas deben expresarse con claridad; las explicaciones, los
paréntesis, las llamadas distraen la atención de cualquier lector y,
más aún de aquel que lee un
texto administrativo, para quien la lectura no es un placer, sino una
necesidad.
2)
El manejo de la letra chica
Las
informaciones importantes se situarán al principio. Esto asegura su
lectura.
En letra chica, sólo aparecerán las indicaciones secundarias,
aquéllas que no tienen importancia fundamental. El redactor de
cualquier texto administrativo debe tener esto bien presente. Nada le
asegura que su escrito será leído en su totalidad, pero las
posibilidades de que se lea la letra chica son ínfimas.
Por lo tanto, ninguna información imprescindible debe
escribirse en esta clase de letra.
3)
El manejo de las mayúsculas
y la negrita
Determinados escritores tienen tendencia a recurrir con
frecuencia a estos elementos de destaque. Basta con observar uno de
los tantos textos administrativos que llegan a nuestras manos, para
comprobarlo.
Pero, para que cumplan con su función específica, la
de destacar, tienen que ser usados con moderación. Si aparecen
con mucha frecuencia, lo que se destaca pasa a ser lo que no los tiene.
4)
El suministro de la
información
A través de los textos administrativos muy frecuentemente se da
información. El responsable sabrá, antes de redactarlos, qué es
efectivamente lo que quiere informar. Se limitará a suministrar datos
objetivos, precisos y concretos. Su
opinión personal no juega un papel preponderante.
5)
La actitud del redactor
Son muchos los tipos de textos que entran en la caracterización
de "administrativos". En algunos -una carta, un pedido, una
solicitud- la presencia del escritor es evidente. Su actitud tendrá
que ser de cordialidad, disponibilidad y tacto.
En muchos de ellos, se hace necesario elegir una persona
gramatical . Se puede seleccionar la primera persona (yo o nosotros);
se puede seleccionar la tercera (él, ella, ellos o ellas), pero
cualquiera sea la elección, hay que mantenerse fiel a ella.
Si, por ejemplo, se encabeza una carta de esta forma:
"Me dirijo a
usted para pedirle...."
se habrá elegido la primera persona; la despedida podrá ser:
"lo
saludo."
Si, en cambio, se inicia de esta
manera:
"Juan López se dirige
a usted para pedirle...."
la
persona elegida es la tercera; la despedida, entonces, será:
"lo saluda."
El
mezclar las personas gramaticales crea confusión en el lector y
entorpece la comprensión.
6)
La presentación del escrito
Cualquier texto se capta por la vista. Si el que se recibe es
agradable, tiene papel y letra adecuados, márgenes, sangrías y párrafos
correctamente distribuidos, encabezamientos destacados, se tenderá a
comprenderlo con facilidad. Se rechaza lo desprolijo porque, la mayoría
de las veces, también es confuso.
Por otra parte, cada texto tiene su forma, su silueta que, si
está bien diseñada, reconocemos a primera vista. La mente, entonces,
se apresta a entender lo que supone se le ofrece. Un cuestionario, una
carta, un formulario, todos tienen que tener un aspecto exterior que
hace que los reconozcamos como tales.
Quien redacta un escrito administrativo, comercial, jurídico,
tiene que ser capaz, antes de darlo por bueno, de ponerse en el
lugar del destinatario. Plantearse algunas de estas preguntas sería
por demás conveniente:
¿Me gustaría recibir este texto?
¿Lo entiendo con
facilidad?
¿Necesito releerlo para entenderlo?
¿Debo recurrir a la ayuda de alguien para captar su esencia?
¿Me crea problemas el vocabulario?
¿La
expresión es sencilla, clara, concisa?
Todas estas recomendaciones son generales. Cada texto
administrativo, comercial, jurídico, tendrá sus reglamentaciones
específicas, que, posiblemente, trataremos.
El lenguaje está en constante cambio y el dominio que de él
tengamos depende, en gran parte, de nuestra posibilidad de adaptarnos
a ellos. No
puede el lenguaje administrativo quedar indiferente.
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema
o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder. |
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