¿Por
qué se insiste en complicar el lenguaje?

El lenguaje
es la forma de comunicación propia de los seres humanos. Persigue
una finalidad: la comunicación y esta se logra con la sencillez, la
concisión, la claridad.
Pero, estos
conceptos que son tan obvios y que hemos repetido una y otra vez, no
parecen dar fruto nunca.
La
mayoría de los usuarios del lenguaje cree que
cuanto más lo complica, más idea de
cultura trasmite a los demás.
¿Idea
de qué cultura? La
cultura se manifiesta,
entre otras cosas, en la
posibilidad de adaptarse a las situaciones; en el caso del lenguaje, a
la comprensión de su destinatario.
No es
fácil hablar bien; tampoco lo es escribir bien. Pero, seguramente uno
se acercará más a lograrlo si
desecha los giros complicados, las oraciones extensas, las palabras
difíciles, los lugares comunes. De esa
forma, se asegurará de que
sus oyentes o lectores lo entiendan.
Pero, no.
La mayoría de los hablantes se aferra a la idea de que hablar
y escribir correctamente es hacerlo con muchos vocablos, cuanto
más complicados, mejor. Si por cada término utilizado, por cada
oración confusa, por cada idea repetida, se tuviera que pagar una
multa, las cosas cambiarían.
El lenguaje
no se mide por la cantidad,
sino por la calidad. Y la
calidad está en la efectividad de la comunicación.
¿Por
qué, continuamente, se utilizan lugares comunes, vocabulario que
se trasmite de generación en generación? Basta con enfrentarse con
un escrito jurídico para comprobar qué ininteligibles son.
¿Por
qué todos copian las expresiones de los demás y no son
creativos?
¿Por
qué siempre, en el lenguaje periodístico, los accidentes son
"fatales o trágicos";
"el léxico, frondoso", los niños,"blancas
palomitas"? ¿No hay otra formas más originales,
más sencillas, de decir lo mismo?
¿Por
qué en los partes meteorológicos el tiempo siempre tiene
"tendencia a desmejorar"?
¿Por
qué leemos, por ejemplo, este
aviso "Al mosquito del dengue mátelo de sed" cuando sería
mucho más fácil y efectivo decir "Mate de sed al mosquito del
dengue"?
¿Por
qué en los paneles callejeros en los que la Intendencia de
Montevideo da información no hay un solo tilde?
La
respuesta a tantos porqués es siempre la misma: salvo
unas pocas personas, que son conscientes de la riqueza que
se logra al dominar el lenguaje, las
demás no hacen nada por perfeccionarlo.
Esto
pasa en todas las capas sociales y culturales.
Las más
bajas se escudan en el hecho de que no han recibido aprendizaje
adecuado, lo que, generalmente, es
cierto.
A las
otras, hay que temerles porque protegidas por la enseñanza recibida,
muchas veces universitaria, piensan que, con respecto al idioma, no
hay nada más que hacer.
Y
no es así.
Se
aprende lenguaje toda la vida y si bien la lectura, la sensibilidad
ante los errores de lo demás, ayudan a mejorarlo, muchas veces con
eso no basta.
Se
necesitan técnicos que enseñen a redactar (la enseñanza curricular
prácticamente no lo hace), que enseñen a expresarse con corrección
oralmente, que enseñen a escuchar.
Los responsables de las empresas de
publicidad, de los diarios, de los canales de televisión, de los
bancos, de los estudios jurídicos y contables, de las empresas en
general deben tener en
cuenta que su rendimiento y, seguramente, sus ingresos,
mejorarán si sus empleados se
expresan con corrección y eficacia.
¡Cuántas
veces uno se ve enfrentado a formularios, cuestionarios, escritos jurídicos,
órdenes, que no comprende, que tiene que leer
más de una vez para sacar una conclusión válida!
El
lector no tiene obligación de
entender lo que un confuso redactor le entrega. Es este último quien
debe saber cuáles son las
posibilidades de comprensión del destinatario de su escrito. Y, si no
las sabe, porque no ignora quién leerá su material, su lenguaje
tendrá que ser muy fluido, muy "aceitado" para que
cualquiera lo comprenda.
Tampoco
es obligación del escucha entender lo que un oscuro hablante le
trasmite, pero, en este caso, todo resulta más fácil, porque, si no
lo comprende puede pedirle que repita una y otra vez hasta que capte
el mensaje.
Todo
se aprende en la vida; el lenguaje, también. Pero, para lograr
dominarlo hay que tener presentes varias cosas:
6)
Quienes más deben ocuparse de
mejorar su lenguaje, de ser precisos en su uso, son los docentes, los
comunicadores sociales, los creadores publicitarios.
A
ellos, en especial, hay que pedirles que lo hagan porque su influencia
sobre los demás usuarios es enorme. Y ahí, está el riego: mal
lenguaje difundido, será mal lenguaje aprendido por miles y miles de
personas.
Es una
lucha ardua y con pocos
resultados. Cuesta mucho conseguir quienes sigan esta línea en cuanto
a la lengua. Pero, por suerte, algunos hay y, parecería, que, a
medida que el tiempo pasa y se insiste una y otra vez, muchos más se
adherirán a ella.
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema
o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder. |
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