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El lenguaje y la mujer
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     El lenguaje es, sin duda, una de las expresiones en que más se pone de manifiesto el sexismo.
     La lengua da prioridad al sexo masculino, de tal forma que, si se da la unión de dos términos, basta con que uno de ellos sea masculino, para que las palabras que se refieran a ambos tomen este género:

     Los jefes y las jefas de la sección son muy activos.
     "Activos", que se refiere a los jefes y las jefas, es masculino y plural.

     Por otra parte, determinados verbos: trabajar, mandar, leer, organizar, se aplican con más frecuencia a los hombres; en cambio, llorar, lavar, planchar, calmar, acariciar, a las mujeres.
     En cuanto a los adjetivos, muchos de ellos toman diferente sentido cuando se refieren al sexo masculino y cuando se refieren al femenino:

     Un hombre serio (responsable).
     Una mujer
seria (que no coquetea).

     Un hombre público (un político, un representante de alguna institución partidaria).
     Una mujer
pública (una prostituta)

     Un hombre cualquiera (determinado, cierto).
     Una mujer
cualquiera (una prostituta).

     La mujer, en varias ocasiones, está nombrada con su relación con el sexo opuesto: es la señora de…, la viuda de…, divorciada de…, la señorita…
     Este último término ha sido fruto de grandes controversias, de tal forma que, más de una vez, se escucha decir que ha desaparecido del diccionario. Eso no es cierto. Quienes se resisten a usarlo, y tienen toda la razón, se fundan en el hecho de que es un vocablo sexista por excelencia, ya que define a la mujer según su relación con el hombre. El contrario "señorito", si bien existe y en usado en algunos países de habla española, no tiene nada que ver con el estado civil del hombre.
     El inglés solucionó este problema con la abreviatura Ms., que no corresponde ni a señora ni a señorita. Hasta 1980, fue muy criticada, pero, a partir de esa fecha empieza a figurar en los diccionarios.
     Desde pequeños, los niños se enfrentan con los libros de entretenimiento y los de estudio.
     En los primeros, en general, los hombres tienen el papel preponderante, son los héroes, los ganadores, mientras que las mujeres desempeñan un papel más pasivo.
     En los segundos, se estudia el cuerpo del hombre, los derechos del hombre, si bien todos sabemos que la palabra comprende a los dos sexos.
     A veces, los propios usuarios del lenguaje no son conscientes de que el sexismo existe en el idioma.
     Este texto, que aparece en muchos de los libros que tratan el tema, pone de manifiesto hasta qué punto puede convertirse en incomprensible un escrito en el que no se respetó el femenino.
     Este es el ejemplo:

     El señor Smith y su hijo Arturo iban en un coche. Tuvieron un accidente. El padre murió en el acto y el hijo quedó herido de gravedad. Lo ingresaron en el hospital. Al verlo, el jefe del departamento de cirugía dijo:"¡Yo no puedo operar! ¡Es mi hijo Arturo!".

     La primera lectura crea confusión en el lector. ¿El padre no había muerto en el accidente?
     Sí, pero el lenguaje es traicionero y no marcó que quien ejerce la jefatura del departamento de cirugía es la madre. Debió haber dicho: "la jefa".

¿Cómo combatir el sexismo en el lenguaje?

     Son muchos los movimientos que combaten el uso sexista del lenguaje. La batalla es difícil, ardua. Porque la lengua es reacia a cambiar sus reglas, porque los propios hablantes se resisten a hacerlo.
     Pocas son las propuestas y ninguno el resultado.

1) No utilizar nunca palabras que engloben los dos sexos, sino explicitar uno por uno.

     Así, si en determinado momento nos referimos a, por ejemplo, los secretarios de una institución, lo correcto será "los secretarios y las secretarias".
     Un periodista del diario ABC, de Madrid, transcribe, en uno de sus artículos una arenga que escuchó en Buenos Aires y en la que se trató de no cometer ningún error que pudiese tildar de sexista al lenguaje utilizado.
     Parece interesante reproducirla y comentarla:

     "Compañeros y compañeras: nuestros delegados y delegadas han hablado ya con los encargados y encargadas de todos los servicios para pedir que la media hora de pausa de los trabajadores y las trabajadoras coincida con la hora de ocio de nuestros hijos y nuestras hijas en el jardín de infancia de la empresa."

     Ni una sola palabra abarca los dos sexos. Aparentemente, se logró lo que se buscaba. Pero solo, "aparentemente", ya que los vocablos masculinos aparecieron siempre en primer término, lo que no deja de darle primacía al varón.
     Además, desde el punto de vista de la corrección idiomática, se violaron una serie de leyes:

     a) La concisión.
     En varias ocasiones se utilizaron dos palabras cuando una sola podía expresar lo mismo.
     b) La brevedad.
     La repetición de vocablos hizo más extenso el discurso, lo que provoca distracción en el oyente.
     c) La no repetición de términos.
     Un buen lenguaje evita la repetición de vocablos. Se vale de sinónimos, de pronombres o cambia totalmente el orden de una oración para no caer en ese vicio.

     Por lo tanto, este no parece ser el camino adecuado para terminar con el sexismo en el lenguaje. Si este discurso, tuviera en lugar de cuatro renglones, veinte, ¿cuál sería nuestra reacción como posibles oyentes?

2) Cambiar la terminación "os" , que tienen las palabras masculinas plurales por "es", cuando engloban al femenino.

     En lugar de decir "queridos abuelos" (para referirse a la abuela y el abuelo) optar por "querides abueles".
     La propuesta es original, pero no parece fácil de establecer. ¿Pueden millones de hablantes de una lengua, de un día para otro, cambiar las reglas que hace años manejan?
     La contestación es: no. Y podemos recurrir acá al ejemplo de los monosílabos "fue, fui, vio, dio, ti", cuyo tilde fue suprimido hace 50 años y aún aparecen escritos con él.

3) Cambiar la terminación "os" que tiene las palabras masculinas plurales por "@", cuando engloban el femenino.

     Este signo fue primero una abreviatura latina de la palabra "at", después se convirtió en la abreviatura de una medida de peso árabe "arroba" y ahora integra el lenguaje de la informática.
     Pasaría a tener un nueva utilidad: "los queridos abuelos" pasaría a convertirse en "querid@s abuel@s".
     Tampoco este cambio parece muy factible.

 

Contamos con la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos, preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder.

 

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