La ortografía constituye uno de los mayores desafíos para los educadores, cuando
planifican y, luego, desarrollan el aprendizaje de la misma.
Todo maestro aspira a que sus alumnos la dominen, no solo
porque constituye un aspecto esencial del lenguaje, sino porque es materia opinable y la
sociedad la juzga con severidad.
Los padres, los maestros, los profesores, la gente, en
general, opina sobre el nivel ortográfico de los chicos, no así sobre su nivel
expresivo, que, en muchos caso, es altamente deficiente.
La ortografía, el aspecto exterior del lenguaje, resulta
uno de los objetivos más apreciados de observación y crítica. Todos, de alguna forma,
estamos pendientes de cómo la manejan los demás y sentimos un cierto "placer",
una cierta indignación, cuando comprobamos que otros cometen errores.
Entonces, por lo general, si quienes no dominan la
ortografía son niños o jóvenes, la culpa recae en los docentes.
Si bien algo de culpa tienen, no es solo la escuela quien
enseña ortografía. Esta es un aprendizaje evolutivo, que comienza cuando el niño toma
el primer contacto con la letra escrita, que alcanza su punto culminante en los años
escolares, pero que seguirá desarrollándose durante toda la vida.
Aprendemos ortografía todos los días, y aprenderemos
más y mejor, si somos buenos lectores.
¿Qué se entiende por
ortografía?
La Real Academia
Española la define como "parte de la gramática que enseña a escribir correctamente
por el acertado uso de las letras y los signos auxiliares de la escritura".
La palabra está formada por el prefijo "orto",
que significa "correcto" (ortopedia, ortodoncia
) y el término
"grafía", que quiere decir "escritura".
Tener buena ortografía implica, por lo tanto, escribir
con precisión y en el orden adecuado las letras que corresponden a las palabras, dejar
los espacios que separan un término de otro y utilizar correctamente los signos
auxiliares de la escritura.
¿Cuáles son los signos
auxiliares de la escritura?
Las mayúsculas,
los tildes y los signos de puntuación. La enseñanza los abandona y gozan de un relativo
desprestigio. Los niños y la mayoría de los adultos ignoran las reglas de uso de las
mayúsculas; no saben las de los tildes ni dónde y por qué se utilizan los signos de
puntuación.
El uso de estos últimos no es enseñado durante el
período escolar y, rara vez, se hace, en la etapa liceal. Entonces, cuando la vida sigue
y los jóvenes se convierten en adultos y, como tales, deben desempeñar tareas en las que
manejan la escritura, la falta de dominio de los signos auxiliares de la escritura se
convierte en un gran problema.
La forma, el
contenido de un texto, su posibilidad de establecer la comunicación, son elementos
fundamentales. Pero, la ortografía actúa como carta de presentación y, cuando es mala,
perjudica a quienes no la dominan.
Un examen, un ascenso, un empleo, pueden perderse por
escribir erróneamente las palabras.
También limita, en forma parcial, la seguridad en la
expresión escrita. Quien tiene mala ortografía, generalmente, es consciente de ello y
evita escribir. No hace uso de una de las tantas posibilidades que el lenguaje nos da.
Por lo tanto, cuidar la ortografía, perfeccionarla,
mejorarla, es deber de quien quiera expresarse con corrección.